137
CONFERENCIA MAGISTRAL
COMISIÓN NACIONAL DE BIOÉTICA EN URUGUAY.
ASIGNATURA PENDIENTE.
1
Manuel Jesús López Baroni*
En primer lugar, agradecer la invitación de Mariana Blengio para presentar
su propuesta de creación de una Comisión Nacional de Bioética en Uruguay ante tan
prestigiosa Institución. El punto de partida de su proyecto es la Declaración Universal
sobre Bioética y Derechos Humanos (UNESCO, 2005), cuyo articulado establece la
obligación de crear comités independientes, plurales e interdisciplinares. Pues bien, para
comprender la razón de ser de este mandato analizaré brevemente el proceso de gestación
de la bioética, lo que permitirá contextualizar algunos de los debates contemporáneos.
Prácticamente en todos los manuales y documentos se señala a Potter como el
prístino creador de nuestra disciplina. Sin embargo, la originalidad del norteamericano
residió en que fue el primero en acuñar el neologismo “bioética”, pero poco más, dado
que lo que tenía realmente en mente no guarda relación alguna con las cuestiones que hoy
día son objeto de debate en la disciplina. En efecto, sus preocupaciones giraban en rededor
del medio ambiente desde la perspectiva de un pastor protestante. Además, y por ahora, el
verdadero artíce del neologismo fue Fritz Jahr, un pastor luterano alemán al que también
se le ocurrió la palabra “bioética” cuatro décadas antes que al norteamericano, solo que
nadie lo sabía. Las tribulaciones del alemán también orbitaron sobre una concepción
del medio ambiente solo comprensible desde una perspectiva cristiana protestante. Ni
siquiera el advenimiento del nazismo en aquellos trágicos años cambió dicha perspectiva.
Esta atalaya religiosa primigenia se incrementa cuando los jesuitas de la Universidad
de Georgetown reutilizan el neologismo inventado por Potter para luchar contra el aborto
y la eutanasia desde la militancia. La férrea oposición católica a estas instituciones
explica la progresiva incorporación a la bioética de las corrientes feministas, laicistas y
multiculturales, que discuten a los jesuitas el monopolio de la verdad en cuestiones que
atañen a la vida, el nacimiento o la muerte. Los primeros debates en bioética se explican
por el enfrentamiento dialéctico entre estas corrientes de pensamiento.
* Licenciado en Derecho Universidad de Sevilla. España. Doctor en Derecho y Boética Universidad de Barcelona. Licenciado y Doctor
en Filosofía Madrid, UNED. Profesor de Filosofía del Derecho Universidad Pablo de Olavide, Sevilla. Coordinador del Máster de Bioéti-
ca y Derecho de la Universidad de Barcelona. Correo electrónico: mjlopezbaroni@ub.edu Texto revisado por el autor de la conferencia
dictada en el ciclo de talleres y conferencias de educación continua organizados por el Colegio Médico del Uruguay el 28 de abril 2021.
1
Texto revisado por el autor de la conferencia dictada en el ciclo de talleres y conferencias de educación continua organizados por el
Colegio Médico del Uruguay el 28 de abril 2021.
138 REVISTA DE DERECHO PÚBLICO - AÑO 30 - NÚMERO 58 - JUNIO 2021
De forma coetánea a estas agrias disputas se denuncian públicamente las
investigaciones con afroamericanos realizadas en Tuskegee, Alabama. En el contexto de
la lucha por los derechos civiles de los años sesenta, estas querellas acaban fructicando
en la creación de un simbólico documento, el informe Belmont, donde se consolidan los
principios de la bioética (autonomía, benecencia, justicia, y más tarde, no malecencia).
Estas temáticas se van interrelacionando progresivamente, de forma que lo que
comenzó siendo una reexión sobre el medio ambiente, caso de Jahr y Potter, derivada
después en una cruzada contra el aborto, acaba conectando con los requisitos para la
investigación con seres humanos, y con la ética clínica en general, a lo largo de los años
70. En este contexto aparecen también cuestiones propias de la losofía política, como los
problemas inherentes a la redistribución de los recursos sanitarios o la dicotomía sanidad
pública/privada.
Pues bien, en los años 80 irrumpe con fuerza la cuestión de la reproducción asistida,
y con ella, desafíos que superan la mera reproducción humana. Así, las diferencias
entre preembriones y embriones, lo que permite la investigación con células madre
embrionarias y la clonación terapéutica; la maternidad subrogada; el concepto de familia;
la confrontación entre el derecho a la personalidad de los niños (saber cuáles son sus
orígenes) y el anonimato de los donantes; las células IPS más tarde, etcétera, se incorporan
progresivamente a la bioética, ramicando y multiplicando los debates.
Entre los años 2003 y 2004 se atisba que los grandes interrogantes no han hecho
sino comenzar. En efecto, aparecen los primeros informes alertando de la irrupción
de las tecnologías disruptivas, en concreto, la biotecnología, la biología sintética,
la nanotecnología, la Inteligencia Articial y las neuro ecnologías. Lo relevante de
estas disciplinas, cada una un mundo en sí mismo, es la forma en que se imbrican y
retroalimentan. Por ejemplo, los avances en edición genómica repercuten en el resto y al
mismo tiempo se renan por los progresos en los otros campos.
Por este motivo, la bioética del siglo XXI amplía sensiblemente sus temáticas. En
estos momentos, los interrogantes giran alrededor de qué hacer con la edición genómica,
esto es, si aceptar la ingeniería genética solo en células somáticas o permitirla también en
la línea germinal humana, lo que trasladaría las modicaciones a la descendencia; y en este
último caso, dónde situar la frontera entre la curación y la mejora (enhancement), con el
fantasma de la eugenesia de fondo. En 2016, en el Observatorio de Bioética y Derecho de
la Universitat de Barcelona ya afrontamos estas cuestiones en una serie de publicaciones
colectivas, pero la reciente gestación de tres niñas en China modicadas genéticamente,
por primera vez en la historia humana, permite intuir el calado del problema al que nos
enfrentamos y la velocidad con que avanza.
139COMISIÓN NACIONAL DE BIOÉTICA EN URUGUAY ASIGNATURA PENDIENTE/ LÓPEZ BARONI
Además, la técnica de edición genómica CRISPR conecta la biomedicina con la
biotecnología, dado que estas innovaciones se pueden extender a la agricultura y a la
ganadería a escala global. Así, los gene driver, que permiten el crecimiento exponencial de
cualquier modicación efectuada en unos pocos individuos (como insectos o mamíferos),
podrían alterar los ecosistemas con una celeridad nunca antes observada. En esencia, la
humanidad carece de precedentes sobre este tipo de experimentos, objetivos o nalidades,
cuya velocidad de progresión puede superar con facilidad nuestra respuesta colectiva.
Por último, en la última década se han incorporado a nuestra disciplina tanto la
Inteligencia Articial como las neurotecnologías. En efecto, la celeridad de los avances
en el procesamiento de la información, algunos turbadores experimentos realizados (v.
gr., orgánulos cerebrales humanos que se imbrican con el cerebro de animal, como ratas o
monos), o los avances en las interfaces cerebrales, tanto internas como externas, permiten
augurar un notable incremento de la complejidad de los debates. Estas cuestiones afectan
a la intimidad, a la identidad, a la dignidad, a la libertad de las personas, etc., pero se
suceden de forma tan vertiginosa que el Derecho difícilmente puede responder con la
premura requerida. Un ejemplo es el Reglamento de Protección de Datos de la Unión
Europea, creado recientemente con objeto de garantizar los derechos de los ciudadanos
frente a los Big Data, y que se ha quedado parcialmente obsoleto por los progresos de la
Inteligencia Articial (por ejemplo, en lo referido a la Caja Negra).
Pues bien, las numerosas, variadas y preocupantes temáticas que hemos citado
explican algunas de las características que deben tener las Comisiones Nacionales de
Bioética y que están recogidas en el proyecto que presentamos. En concreto, la necesidad
de que estos comités sean: a) multidisciplinares, dada la transversalidad de los problemas
que estamos analizando, imposibles de abarcar desde las limitaciones de una sola
disciplina; b) plurales, de forma que reejen la variedad ideológica existente en una
sociedad, con especial referencia a la igualdad de género. La paridad entre el hombre
y la mujer, recogida con especial énfasis en la propuesta de Mariana, es producto de la
necesidad de que las comisiones reproduzcan la composición de la sociedad a la que
sirven; c) independientes. Dado que la neutralidad no existe, al menos que los miembros
de estos comités sean completamente independientes respecto a los poderes políticos,
iglesias, sindicatos o grupos morales de referencia. Es especialmente relevante que los
dictámenes de estas comisiones no puedan ser instrumentalizados, evitando servir como
mecanismo de blanqueo de un Poder que, por inercia, universal y atemporal, siempre
aspira a domeñar este tipo de instituciones.
Por otra parte, el proyecto que presentamos recoge una propuesta normativa acerca
de cómo debería regularse una Comisión Nacional. Esto es, no hablamos solo de ética,
140 REVISTA DE DERECHO PÚBLICO - AÑO 30 - NÚMERO 58 - JUNIO 2021
sino también de Derecho, que ha tenido una especial incidencia en nuestra disciplina. Así,
podemos observar cómo la adopción del Código de Nuremberg, como consecuencia de
los experimentos nazis en la II Guerra Mundial, tuvo su reejo en las declaraciones de
la Asociación Médica Mundial. A continuación, este bagaje normativo cruzó el Atlántico
para acabar recogido en el informe Belmont, volviendo otra vez al Viejo Continente
a través del Convenio europeo de Bioética y la Carta de Derechos Fundamentales de
la Unión Europea (art. 3, en especial). Por último, la Declaración de la Unesco sobre
bioética trata de universalizar estos valores, como un requerimiento a la humanidad y no
a un pueblo concreto.
Por último, la pandemia que nos asola condensa buena parte de las temáticas que
hemos analizado. Las ventajas de una sanidad pública universal, las novedosas vacunas
de ARNm (un prodigio de la biotecnología), los criterios de justicia referidos al triaje, los
monopolios inherentes a las vacunas, en un contexto donde respetarlas supone aceptar una
mortalidad elevada, etc., conuyen en la grave situación que vivimos en estos momentos.
En resumen, para acompasar el ritmo de avance de la tecnociencia y hacer frente
a potenciales escenarios para los que carecemos de antecedentes resulta imprescindible
un debate social, plural y abierto. No se trata de frenar el progreso cientíco sino de
acompañarlo para evitar que se creen aún más desigualdades, o que, en última instancia,
perdamos el control (algo no imposible, por otra parte). El proyecto de Mariana Blengio,
esto es, la creación de una Comisión Nacional de Bioética en Uruguay bajo los criterios
de multidisciplinariedad, representatividad e independencia pretende responder a estos
desafíos.
Reitero mi agradecimiento. Ha sido un honor para mí presentar dicho proyecto
ante tan distinguida Institución.